Siento que, cuando llueve, mi casa se transforma. O lo que se transforma es, tal vez, mi visión de las cosas. Soy un ser mucho más relajado cuando llueve (lo cuál se puede trasladar a una vagancia extrema, porque ya soy un ser relajado).
Hablaba con una amiga sobre qué se puede hacer en días así, lluviosos y frescos. Consideramos válido y agradable salir a pasear por las calles del centro y plazas, aunque este plan podía ser arruinado por una lluvia torrencial. La siguiente opción fue una de esas reuniones en que se juntan un grupo reducido de amigas en una casa, toman una mediatarde abundante y hablan el resto de la tarde de temas con poco sentido pero que hacen que se destornillen de la risa; esto también podía verse impedido por la lluvia y la distancia que separa mi casa de la casa de varias de mis amigas. Nuestra tercera alternativa se limitó a ver una buena película, leer o dormir una linda y larga siesta.
Termine pasando la tarde limpiando mi casa y cuidando a mi sobrino, recurriendo a la computadora constantemente para entretenerme un rato.
Aunque no haga nada emocionante, este tipo de días no dejan de encantarme.
epa! a no temerle a la lluvia! (a menos que haga mucho mucho frío y no tengas a alguien que te sirva de abrigo doble). en mis años de juventud, o sea a los 12, jeje, en cuanto llovía salía a caminar por el barrio con una amiga. ahora lo hago con mi novio: caminar, sentarse en alguna plaza, y si llueve torrencialmente, MEJOR!! pocas cosas tan emocionantes como la naturaleza rugiéndote, aunque con la seguridad burguesa de que no te va a pasar nada, que sólo te tira agüita blanda.
ResponderEliminarsaludos, amiga de un amigo de mi novio