Temblé de frío ayer, con un resfrío que abarcaba todas las partes de mi cara, sin poder respirar.
Cuando por fin logré dormir, un temblor sacudió mi pieza, mi cama y mi atolondrada cabeza en medio de la noche. Hasta este mediodía no había podido descubrir si habia sido un sueño o pura realidad sísmica.
Ahora vuelvo a temblar, de frío nuevamente. También tiemblo, (pero no en un sentido figurado) al observar los restos de vivencias desparramados por la habitación.
Me retiro a abrigarme, para no enfermarme otra vez y a acudir al Martín Fierro, a ver si logra concentrarme en él y no en la presente melancolía.
Puffff..
ResponderEliminarcreo que ya nadie se salva de los mocos, las toses, el frío.
Y mucho menos de Martín Fierro :P
Una brazo amiga.